Agricultura Siglo XXI: persiste la tendencia hacia mayores excedentes globales y precios a la baja.

 

Agricultura Siglo XXI: persiste la tendencia hacia mayores excedentes globales y precios a la baja.

Actualización sobre las tendencias estructurales que reconfigurarán los márgenes económicos del sector agrícola primario hacia 2050.


Introducción

En el documento  Cambio de época en la agricultura global: desafíos para el modelo argentino publicado en agosto 2025 se partió de la siguiente hipótesis: la agricultura global se expone a una presión decreciente de los precios de los commodities agrícolas a raíz de un aumento de la oferta y la desaceleración del consumo. Si bien ha transcurrido menos de un año desde aquella publicación, la dinámica impulsada por factores geopolíticos, tecnológicos, económicos y financieros entre otros amerita repreguntarse nuevamente:

¿Está la agricultura global ante un nuevo ciclo de bonanza o, por el contrario, persisten presiones estructurales que comprimirán su margen económico en las próximas décadas?

La evidencia disponible sugiere que, pese a los picos de precios recientes provocados por los conflictos bélicos, las fuerzas de fondo apuntan hacia un escenario de crecientes excedentes globales y precios reales a la baja.

En este documento se realiza un nuevo análisis de largo plazo que integra la dinámica poblacional, la evolución tecnológica, los cambios en los patrones de consumo y las políticas públicas para repensar la ecuación económica del sector agroproductivo primario, particularmente en Argentina.

Para la redacción de este documento se utilizó como punto de partida el documento original actualizado mediante las versiones más avanzadas de los LLM Claude y DeepSeek y posterior lectura y correcciones pertinentes.


1. El factor demográfico: menos bocas que alimentar

El punto de partida de cualquier análisis prospectivo debe ser la dinámica poblacional. La revisión 2024 de las World Population Prospects de Naciones Unidas proyecta que la población mundial alcanzará un máximo de 10.300 millones de personas hacia mediados de la década de 2080, partiendo de los 8.200 millones actuales, para luego descender gradualmente a unos 10.200 millones hacia 2100 (ONU, 2024). Sin embargo, hay otras proyecciones donde el escenario puede cambiar con una mayor caída de la población mundial cuando se simulan diferentes tasas de natalidad.

Pero más relevante que las divergencias de cuando se alcance el pico poblacional es el fenómeno de envejecimiento acelerado. Actualmente 63 países que representan el 28% de la población mundial ya tienen poblaciones en declive, entre ellos China, Japón y Rusia (ONU, 2024). Para 2080, las personas de 65 años o más superarán en número a los menores de 18 años a nivel global.

Fuente: HSBC Global Research. Los escenarios de −5% a −20% simulan caídas sostenidas en la tasa de natalidad global respecto a las proyecciones oficiales. La línea roja refleja la extrapolación de la caída de ~3% anual en la natalidad global registrada en los últimos años.

La tasa de fertilidad global ha descendido de 3,31 hijos por mujer en 1990 a 2,25 en 2024, y se proyecta que alcance el nivel de reposición de 2,07 recién en 2050 (ONU, 2024). Esto implica que la ventana de crecimiento demográfico se está cerrando más rápido de lo anticipado.


Implicancia clave: La afirmación "tenemos que producir más porque hay cada vez más bocas que alimentar" ha dejado de ser una verdad inapelable. Sin embargo, es necesario un matiz geográfico: el envejecimiento es un fenómeno concentrado en Asia Oriental, Europa y América del Norte —precisamente los mercados que hoy demandan granos— mientras que África subsahariana y Asia Meridional seguirán con poblaciones jóvenes y crecientes (ONU, 2024). En tal sentido la estrategia de Aceitera General Deheza (AGD) de colocar productos en Sudáfrica o el reciente anuncio de China que aplicará un arancel cero a todos los países africanos con los que mantiene relaciones diplomáticas, son señales bastante elocuentes hacia donde se proyectan las sociedades jóvenes. En consecuencia, el problema que nos enfrentamos no es solo de volumen global, sino de composición geográfica de la demanda.


2. Producción versus demanda: la divergencia futura.

La producción mundial de cereales alcanzó un récord de 2.836 millones de toneladas en 2023/24, y la FAO proyecta un nuevo récord de 2.961 millones de toneladas para 2025/26, con el maíz liderando las revisiones al alza por rendimientos históricos en Estados Unidos y Brasil (FAO, 2025).

Por otra parte, el consumo mundial de cereales en 2023/24 fue de 2.822 millones de toneladas, prácticamente empatando con la producción, con un ratio stock/uso del 31,1% (FAO, 2025). La OCDE-FAO proyecta un aumento del 14% en la producción agrícola y pesquera global para 2034, impulsado principalmente por ganancias de productividad en países de ingresos medianos (OCDE-FAO, 2025).

¿Qué significa esto? En este momento -2026- no habría una sobreabundancia extrema, sino una situación de oferta y demanda relativamente equilibrada. La presión sobre los precios no proviene de un excedente masivo y creciente, sino de ganancias sostenidas en eficiencia productiva y una demanda que, si bien crece, lo hace a un ritmo moderado del 1,1% anual para consumo humano de cereales (OCDE-FAO, 2025). En consecuencia, la pregunta mas relevante no es cómo estamos hoy, sino hacia dónde se mueve el sistema.

El motor de la divergencia futura

El verdadero punto de quiebre no está en la producción récord de hoy, sino en las tasas de crecimiento diferenciales entre oferta y demanda hacia adelante.

Del lado de la oferta: Las ganancias de productividad —impulsadas por edición genética (CRISPR), agricultura de precisión con IA, robótica autónoma y sensores IoT— no muestran signos de desaceleración. Por el contrario, la convergencia tecnológica 4.0 sugiere un ritmo de crecimiento de rendimientos que podría acelerarse, no estabilizarse. El ejemplo de los drones agrícolas es ilustrativo: un mercado que pasará de USD 2.730 millones en 2025 a USD 5.300 millones en 2035 (Global Market Insights, 2026), permitiendo reducciones de pérdidas de cultivos entre 25% y 40%. Cada hectárea producirá más, con menos insumos y menor margen de error.

Del lado de la demanda: El consumo humano de cereales crece al 1,1% anual según proyecciones actuales (OCDE-FAO, 2025). Pero este es un escenario de continuidad de tendencias. ¿Qué ocurre si factores adicionales comienzan a deprimir ese crecimiento?

Escenarios prospectivos de divergencia

Escenario 1 (Moderado): Las tasas actuales se mantienen

Si la producción continúa creciendo al ritmo implícito en las proyecciones (aproximadamente +1,4% anual compuesto para alcanzar el +14% en una década) y la demanda lo hace al 1,1% anual, la brecha entre oferta y utilización se ampliaría de las 14 millones de toneladas actuales (0,5%) a aproximadamente 45-50 millones de toneladas para 2034. Esto representa un excedente anual equivalente a la mitad de la cosecha agrícola Argentina.

Escenario 2 (Acelerado): La producción se acelera por tecnología

La convergencia tecnológica 4.0 no es lineal sino exponencial. Si la adopción de tecnologías disruptivas —como la edición genética masiva, los sistemas de cultivo vertical integrados con IA o los fertilizantes de liberación controlada con nanotecnología— se generaliza más rápido de lo previsto, las ganancias de productividad podrían superar holgadamente el 1,4% anual. En un escenario de productividad del +2,0% anual combinado con una demanda estable al 1,1%, la brecha anual superaría las 100 millones de toneladas para 2034. Este volumen equivale a casi toda la producción anual de granos de Argentina.

Escenario 3 (Contractivo): La demanda comienza a declinar

Pero el factor más subestimado en los análisis prospectivos es el potencial punto de inflexión en la demanda. La caída de las importaciones de maíz de China proyectada para 2034 (-20%) es apenas una señal temprana. ¿Qué otros factores podrían deprimir aún más la demanda?

  • El envejecimiento acelerado: Para 2080, los mayores de 65 años superarán en número a los menores de 18 (ONU, 2024). Los adultos mayores consumen hasta un 15% menos de calorías. Este efecto comienza a sentirse mucho antes de 2080; en China, la población en edad laboral ya está disminuyendo desde 2015.

  • Las proteínas alternativas: Aunque hoy son un nicho (<2,5% del mercado de carnes en EE.UU.), la carne cultivada en laboratorio y las proteínas vegetales mejoradas están en una trayectoria de reducción de costos similar a la que experimentaron los paneles solares en la década pasada. Si capturan un 10% del mercado de proteína animal para 2040 (escenario plausible), la demanda de granos para alimentación animal —que hoy representa el 33% del uso global— se contraería significativamente.

  • La eficiencia de conversión animal: La tendencia a mejorar la conversión de grano a carne no se ha detenido. El cerdo que en 1980 requería 2,5 kg de maíz por kg de peso vivo hoy necesita 1,5 kg. Cada nuevo avance en esta dirección reduce la demanda de granos para un mismo nivel de producción de carne.

Si estos factores convergen y la demanda de cereales para consumo humano y animal se estabiliza o incluso comienza a declinar hacia 2035-2040, el sistema entraría en una fase de excedente estructural creciente. El ratio stock/uso, hoy confortable en 31,1%, podría superar el 40% en dicho escenario, niveles que históricamente han precedido caídas prolongadas de precios reales.


3. Precios reales: la tendencia bajista de largo plazo se mantiene

El USDA/ERS confirma la tendencia documentada por numerosos investigadores: el aumento de la productividad agrícola subyace a una caída general de los precios ajustados por inflación para maíz, trigo y soja durante el último siglo (USDA ERS, 2024).

Esta tendencia bajista se revirtió temporalmente durante la última década por el crecimiento poblacional global, mayor producción de biocombustibles y la depreciación del dólar, aunque se espera que se reanude a medida que el crecimiento de la población y los ingresos se desacelera y la producción de biocombustibles se estabiliza (USDA ERS, 2024).

El período 2020-2024 introdujo una corrección importante: el índice de precios de alimentos del Banco Mundial cayó un 9% en 2024 y se proyecta una caída adicional del 4% en 2025, antes de estabilizarse en 2026 (World Bank, 2025). Sin embargo, después de este declive, los precios se situarán en niveles más altos que los anteriores al COVID pero significativamente por debajo de los picos de 2022.


4. Biocombustibles: consumo auspicioso en el corto plazo, pero techo en el mediano.

Los biocombustibles han sido un factor clave de sostenimiento de la demanda de maíz y soja. La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. fijó los volúmenes de mezcla del RFS Set 2 para 2026-27 en niveles récord, con el etanol manteniendo volumen de 15.000 millones de galones, eliminando incertidumbre regulatoria que afectaba al sector (EPA, 2026).

Brasil, por su parte, evalúa elevar la mezcla obligatoria de etanol en la gasolina hasta el 32%, impulsando una demanda adicional de unos 800 millones de litros al año (ANP Brasil, 2025). Adicionalmente, la creciente producción de etanol a partir de maíz en Brasil está desafiando la industria tradicional de caña de azúcar y tendrá un efecto directo sobre la demanda de granos en Sudamérica.

Sin embargo, existen límites estructurales a esta expansión. Un estudio de 2024 modela el impacto de la adopción de vehículos eléctricos y concluye que un crecimiento rápido de estos disminuiría claramente la demanda de etanol de maíz, con una baja de hasta el 63% para 2050 en ciertos escenarios (Energy Policy Journal, 2024).


5. El shock de costos: la otra cara de la ecuación de rentabilidad

Un aspecto frecuentemente subestimado en los análisis prospectivos es la evolución de los costos de producción. Los precios de los fertilizantes nitrogenados alcanzaron máximos históricos en 2022 (amoniaco anhidro >1.600 USD/Tn, urea >1.000 USD/Tn) (USDA ERS, 2024). Aunque han bajado desde ese pico, la urea en 2025 oscila entre 600-900 USD/Tn, significativamente por encima del promedio 2008-2020 (USDA ERS, 2024).

El Banco Mundial proyecta un aumento del 21% en fertilizantes para 2025 antes de un leve descenso del 5% en 2026 (World Bank, 2025). Esto implica que el shock de costos que enfrentó el sector en 2021-2023 no fue transitorio sino que ha reequilibrado al alza la estructura de costos de largo plazo.

El actual conflicto EE.UU.-Israel-Irán ha generado el mayor shock de oferta petrolera de la historia reciente, con pérdidas acumuladas de 1.100 millones de barriles y precios del crudo que alcanzaron picos de 115 USD/barril. Para la agricultura, esto implica un aumento significativo de los costos de producción —fertilizantes y combustibles— que comprime aún más los márgenes en un contexto de precios de granos estables o a la baja. El 'período de transición' que el sector tenía por delante post-2020 se está acortando: el shock energético acelera la erosión de rentabilidad, especialmente para modelos productivos intensivos en insumos externos y dependientes de economías de escala.

La evolución de este shock dependerá críticamente del rumbo que tome el conflicto, con tres escenarios posibles que abren un abanico de posibilidades para el sector agropecuario.

En el Escenario A (resolución rápida), un cese de hostilidades en el corto plazo permitiría la reapertura del Estrecho de Ormuz y la normalización de los flujos de petróleo y fertilizantes hacia finales de 2026. En este caso, el Brent debería caer por debajo de los 90 USD/barril en el cuarto trimestre y promediaría 76 USD/barril en 2027 (EIA, 2026), haciendo del shock petrolero un episodio agudo pero transitorio —similar al de 2022— que crearía un escalón temporal de precios altos sin modificar la tendencia estructural de mediano plazo que describe este documento.

El Escenario B (conflicto prolongado) supone que, incluso si el Estrecho se reabre, S&P Global advierte que la normalización del suministro de crudo y gas será gradual durante varios meses (S&P Global, 2026), con una "prima de riesgo geopolítico" persistente que mantendría los precios del petróleo elevados durante todo 2027 y presionaría al alza los costos agrícolas de manera sostenida.

El Escenario C (escalamiento severo) —de probabilidad baja pero de alto impacto— contempla una guerra prolongada con daño adicional a infraestructura petrolera y eventual bloqueo del Estrecho de Bab el-Mandeb, lo que según el Banco Mundial podría empujar el Brent a 115-120 USD/barril sostenidos durante 2026-2027 (World Bank, 2026). Este escenario extremo profundizaría dramáticamente la compresión de márgenes: los precios de los granos no subirían en la misma proporción que los costos —o incluso bajarían por destrucción de demanda— en un contexto donde la economía global enfrentaría una estanflación que reduciría el poder adquisitivo de los consumidores y, por ende, la demanda de alimentos.

Cada uno de estos caminos redefine el cronograma y la intensidad con que la presión bajista estructural se manifestará sobre la rentabilidad agrícola global, siendo los dos últimos escenarios los que exigirían respuestas más rápidas y decididas por parte de los productores y las políticas sectoriales.


¿Como sigue? 👉 ¿hacia un colapso o una transformación?

La evidencia analizada sugiere que la agricultura global no se encamina hacia un colapso, sino hacia una transformación estructural con las siguientes características:

  1. Precios reales bajo presión persistente: La ganancia por eficiencia de productividad seguirá superando el crecimiento de la demanda, ejerciendo una presión descendente sostenida sobre los precios reales.

  2. Recomposición geográfica de la demanda: El crecimiento provendrá de África y sur de Asia, mientras que los mercados tradicionales (China, Europa) se estabilizan o contraen. Asia concentrará el 54% del aumento global en demanda de cereales (OCDE-FAO, 2025).

  3. Diferenciación como estrategia de supervivencia: Los productores y países que logren diferenciar sus productos, agregar valor y capturar nichos premium (trazabilidad, sustentabilidad, certificaciones) tendrán mejores perspectivas que aquellos que compiten exclusivamente por volumen.

  4. Volatilidad como nueva normalidad: Los shocks climáticos, geopolíticos y financieros generarán episodios de precios altos en un contexto de tendencia bajista de largo plazo.

  5. Ventana de transición: El escalón de precios post-2020 otorga al sector un período adicional para adaptarse antes de que la presión bajista se intensifique.


Referencias bibliográficas


¿Qué opinas de estas tendencias? ¿Cómo crees que afectarán a la agricultura de Argentina o de tu país? Te invito a dejar tu comentario y compartir este análisis.